No quiero vivir una vida pequeña

No quiero vivir una vida pequeña, es un extraordinario poema de Mary Oliver. Es también lo que me pregunta, en el fondo, la mayoría de las personas que me contactan cuando me preguntan sobre como pueden encontrar su propósito de vida.

No querer vivir una vida pequeña es querer abrir las alas de nuestro potencial y volar alto. Es sentir que tenemos en la vida una experiencia de plenitud. Nos acompaña la satisfacción por lo que hacemos y lo que somos.

No querer vivir una vida pequeña es dejar de vivir como gallinas cuando sabemos de ser águilas, como nos sugiere un antiguo cuento indiano.

Leamos entonces este poema de Mary Oliver:

NO QUIERO VIVIR UNA VIDA PEQUEÑA

No quiero vivir una vida pequeña. Abre tus ojos,
abre tus manos. Acabo de volver
del campo de moras, el sol

besándome con su boca dorada todo el camino
(abre tus manos) y las nubes con alas de viento
siguiéndome porque pensaban que quizá yo podría

alimentarlas, pero no: cargo estas formas de corazones
solo para ti. Mira cuántas y qué pequeñas
pero tan dulces y quizá el último regalo

que voy a darle a alguien en este
mundo de esperanza y peligro, por favor,
mírame. Abre tu vida, abre tus manos.

Son versos poderosos, ¿verdad? Me encanta el símbolo de las manos abiertas que la poetesa propone.

De hecho, una mano abierta es acogedora, posibilista, libre de miedos. Una mano se abre cuando están abiertos también el corazón, la mente, la voluntad.

En lugar, muchas veces cerramos la mano y hasta formamos un puño por qué tenemos cicatrices que la vida nos ha dejado.

Nos protegemos porque no queremos volver a que nos hieren.

Asumimos entonces una actitud de adaptación, y nos protegemos, nos defendemos, o hasta huimos. Nos sentimos animales de presa.

Lo que pasa es que nuestro sistema nervioso se ha hecho meno flexible y se volvió rígido en algunos puntos. Aprender a volver a abrir la mano entonces es volver a expandir la vida. Es volver a hacer flexible nuestro sistema nervioso.

Es un camino de sanación que nos amplía la vida. Es un camino que vale la pena hacer por no tener que seguir viviendo condicionados y en lugar vivir una vida auténtica.

No quiero vivir una vida pequeña significa no querer vivir una vida condicionada, con la mano cerrada. Para que eso pasa, tenemos que reconocer y superar los traumas emocionales que todos hemos tenido durante la vida.

Pregúntate: ¿cuándo cierras tu mano?, ¿qué tiene que pasar para que puedas volver a abrir la mano con confianza?

P.S.: Si sientes que experiencias traumáticas o emociones debilitantes te condicionan y te limitan en vivir todo tu potencial, te invito a contactarme para entrenamientos o sesiones individuales donde te puedo ayudar a superar lo que hoy te limitas para que puedas encontrar y vivir tu propósito de vida. Escríbeme a mi correo personal: aldo@aldocivico.com o a mi WhatsApp

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